La decisión que puede cambiar la agroindustria del Tolima
La experiencia de la Zona Franca Industrial y de Servicios de Ibagué, dejó una lección muy particular. Tener la declaratoria jurídica, una ubicación estratégica e incluso una infraestructura disponible, no es suficiente para consolidar proyectos de esta magnitud. Las zonas francas funcionan cuando existe masa crítica empresarial, una estrategia sectorial bien definida, y sobre todo, una articulación real entre la institucionalidad, inversionistas y usuarios. Cuando esos elementos convergen, el instrumento funciona y no termina diluyéndose, como efectivamente ocurrió.
Hoy el contexto regional es diferente y las cifras muestran como las exportaciones del Tolima crecen significativamente con un 131% interanual, especialmente impulsadas por el sector agroalimentario. No es un fenómeno aislado, pues en todo el país las exportaciones no minero-energéticas han venido ganando participación dentro de la canasta exportadora nacional con un 52%, y el agro se ha consolidado como uno de los sectores de mayor proyección internacional.
El Tolima tiene un potencial agrícola gigantesco, pues hoy es el segundo productor nacional de arroz, tercero en café y mantiene una creciente producción de cacao, al igual que aguacate Hass, mango y limón Tahití. Sin embargo, buena parte de esa producción sigue saliendo al mercado como materia prima, para ser transformada y exportada desde otros departamentos. He aquí donde la Zona Franca Agroalimentaria marca la diferencia, pues no se trata simplemente de crear un área con beneficios tributarios especiales y territoriales. Se trata de una zona franca especializada como plataforma agrologística, industrial y tecnológica para transformar productos alimenticios, agregando valor y facilitando la inserción en mercados internacionales.
Bajo ese contexto, una ubicación estratégica como la del municipio de El Espinal aparece como una de las mejores opciones. Su posición en todo el centro del país, lo convierte en un ¨nodo natural¨ de conexiones entre corredores logísticos que articulan el centro-sur con el suroccidente y el suroriente de Colombia; además de estar ubicado muy cerca a Bogotá y en todo el corazón del ¨Corredor Agrologístico Nacional¨. El Espinal tiene hoy varios centros de acopio e investigación con verdaderas capacidades técnicas y de desarrollo rural, y una base empresarial robusta y productiva vinculada especialmente a la agroindustria arrocera y frutícola.
A diferencia de hace unos años, hoy sí existe plena disponibilidad institucional para impulsar estos proyectos. La Gobernación del Tolima ha asumido un papel proactivo como originador de estas iniciativas y ha comenzado a impulsar este tipo de proyectos a través de su estrategia Tolima Centro de Inversión, concebida precisamente para atraer y facilitar procesos de inversión, articulando actores público-privados alrededor de proyectos estratégicos de alto impacto para el departamento. Las zonas francas no nacen solamente de incentivos tributarios, requieren planificación y estructuración técnica desde territorios seguros y confiables.
La Zona Franca Agroalimentaria será viable articulando la industria con el empresariado del sector, las cooperativas del agro, inversionistas, operadores logísticos, universidades, centros de investigación y entidades públicas capaces de generar condiciones estables para la inversión. Los territorios que han logrado consolidar plataformas exportadoras, lo han hecho porque entendieron que la competitividad territorial exige proyectos estructurales que trasciendan ciclos políticos y tengan visión compartida de largo plazo.
El Tolima tiene hoy tres elementos que no siempre coinciden en el tiempo: una base productiva agroalimentaria sólida y creciente, una coyuntura exportadora favorable, y especialmente una institucionalidad disponible para escalar esas capacidades productivas hacia los mercados internacionales.
Aprovechar esa convergencia o dejarla pasar, es una decisión que corresponde tomar ya. Ya es ya, porque en el desarrollo regional las oportunidades no suelen repetirse con frecuencia, y cuando aparecen, los territorios que avanzan son aquellos que entienden que la competitividad no se declara sino que se construye.