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Un nuevo renacer en Venezuela

También es claro que el venezolano promedio huyó de su país para poder sobrevivir y tener una vida digna, y que más allá de los discursos anti imperialistas y aquellos que hablan de soberanía, lo que necesitaban era volver a creer en la democracia, en el respeto por el otro, y en la paz, aunque fuera impuesta con el accionar del poderío militar extranjero.
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4 Ene 2026 - 11:48 COT por Juan Manuel Díaz Borja

El destino de Nicolás Maduro estaba escrito desde el día en que decidió volverse un dictador, enemigo de las libertades y la democracia de su país. Lejos de ser un digno sucesor del Chávez que admiraron los venezolanos en sus primeros años de mandato, Maduro jamás pensó en su pueblo, y terminó hundiéndolo en la miseria y la desolación que llevó a miles de venezolanos a desplazarse por el mundo, y principalmente hacia Colombia.

Durante su gobierno jamás hubo una política seria en materia de educación, salud, empleo, ni mucho menos de inversión empresarial. Maduro alimentó a través de dádivas a pequeños grupos de poder y logró acaparar los organismos estatales que le permitieron ser reelegido fraudulentamente ante la mirada esquiva de la comunidad internacional y la complicidad de mandatarios como Petro, quien al igual que Maduro, ha promovido sendos discursos en contra de Trump y los Estados Unidos, al punto de hoy estar catalogado por Trump como “el siguiente” a escasos meses de culminar su periodo.

Es claro que la intervención militar de Estados Unidos constituye una flagrante violación al derecho internacional humanitario. Que la misma estuvo conspirada por personajes de la ultraderecha latinoamericana quienes encontraron en Trump un poderoso y oportuno aliado, y que en efecto ello constituyó una salida adecuada a más de 25 años de una izquierda obsoleta que solo les ha dejado ruina y desolación. No puede negarse que los norteamericanos tienen serias intenciones de acaparar el petróleo, y que ese discurso que tenía Chávez no era mentira, el problema, es que ellos mismos les facilitaron todo, pues con la deficiencia institucional en Venezuela, el caos y la pobreza a las que la sometió el Chavismo terminaron siendo la excusa perfecta para ser de nuevo “libertados” devolviéndole así la esperanza a millones de venezolanos que lo habían perdido todo. También es claro que el venezolano promedio huyó de su país para poder tener sobrevivir y tener una vida digna, y que más allá de los discursos anti imperialistas y aquellos que hablan de soberanía, lo que necesitaban era volver a creer en la democracia, en el respeto por el otro, y en la paz, aunque fuera impuesta con el accionar del poderío militar extranjero.

Hoy más allá del temor, la incertidumbre y la tensa calma que se vive en Venezuela por lo sucedido. Lo ocurrido representa la esperanza para el pueblo venezolano, de cambiar su destino, de volver a sus raíces, y de volver a creer en que existe un mañana mejor. De quienes promovieron la captura y caída de Maduro amparados en un premio Nobel, dependerá si permiten el saqueo extranjero o si aprovechan lo sucedido como una forma de renacer entre las cenizas, como ha ocurrido en otros lugares del mundo.

La gran pregunta es: ¿y Padrino y Diosdado Cabello que papel jugarán ahora en Venezuela?