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¿Y si tenemos el talento, pero nos falta visión para las fiestas?

Las festividades de San Juan y San Pedro acaban de culminar en el Tolima, y aunque la alegría aún resuena en las calles de Ibagué, es el momento ideal para pasar de la celebración a la reflexión.
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Adriana Matallana
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Suministrada
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6 Jul 2025 - 9:24 COT por Adriana Matallana

Con datos en mano, la región vivió un movimiento turístico importante, pero... ¿estamos realmente aprovechando este potencial al máximo?

Según datos de movilidad terrestre durante los dos puentes festivos de junio de 2025, por los corredores de Alvarado, Honda y Armero circularon más de 100.000 vehículos, estimando tres ocupantes por vehículo. Esto representaría una cifra cercana a 300.000 turistas solo por carretera. A esto se suman los datos del aeropuerto Perales, donde se registraron 6.807 pasajeros durante los días festivos. Es claro: el Tolima fue un destino relevante en estas fechas.

Sin embargo, el crecimiento no fue tan alto en comparación con 2024. Por ejemplo, el ingreso de vehículos por Gualanday el incremento fue del 12 % durante San Juan y del 10 % en San Pedro. Por Cocora, fue del 22 % y 10 %, respectivamente. Las cifras muestran que vamos en buen camino, pero aún hay mucho margen para crecer. La pregunta clave es: ¿qué estamos haciendo con este flujo de visitantes? ¿Nos faltaran aprovechar la afluencia de muchos más, si tenemos vías alternas?, por ejemplo

El esfuerzo de las entidades es innegable. Se organizó un evento de alto nivel, se generó una agenda cultural y artística extensa y se movilizó a la ciudadanía. No obstante, el actual modelo de financiamiento sigue siendo frágil: la dependencia casi absoluta de los recursos públicos es una señal de alerta. Aunque se gestionaron algunos patrocinios, el aporte privado está muy por debajo de su potencial.
Esto no solo limita la expansión y calidad de las festividades, sino que frena la innovación y la profesionalización de la oferta cultural. Es urgente repensar el modelo actual y plantear una gobernanza cultural más eficiente: una figura mixta o autónoma que facilite una gestión más técnica, moderna, autosostenible y abierta al mundo.

Por ejemplo, otras ciudades como Medellín o Barranquilla comercializan sus fiestas como paquetes turísticos completos, no como eventos sueltos. Aquí, en cambio, rescatamos muy bien el Día del Tamal, pero sin desfile el 24 de junio. ¿Y si fusionamos tradición con nuevas formas de mostrarla? ¿Por qué no pensar en carrozas con movimiento, tecnología, inteligencia artificial o experiencias interactivas?
La capital musical de Colombia no puede quedarse corta en innovación. Mientras en otros lugares se ven carrozas no con car audio si no grupos musicales masivos, nuestra delegación al desfile nacional careció de una banda de gran formato. Algunas condiciones son muy bien intencionadas, articuladas y se hacen con nuestro mayor esfuerzo, pero cometemos errores por "ahorrar". Pero la pregunta real es: si no ingresa más dinero, ¿cómo pretendemos modernizar nuestra fiesta?
El gasto no debe ser mayor, debe ser más inteligente. Al sumar el compromiso real del sector privado y trabajar en economías de escala, los costos pueden bajar y el impacto aumentar. Además, esto permitiría aliviar la carga sobre el erario y posicionar las fiestas del Tolima como una verdadera plataforma cultural de talla nacional e internacional.

Tenemos todo para brillar: talento, tradición, sabor y hospitalidad. Solo nos falta ajustar el lente y ver más allá de lo que siempre hemos hecho. Porque si seguimos celebrando de la misma forma, corremos el riesgo de quedarnos atrás, mientras otros sí avanzan.

¿Y si el verdadero legado de nuestras fiestas fuera aprender a construir una ciudad que no dependa, sino que emprenda?

No me voy sin antes mencionar Las fiestas aún palpitan en el corazón del Tolima. Pero adicional a las reflexiones anteriores qué hacemos con la cultura ciudadana y la ciudadanía cultural de nuestra ciudad y departamento, ¿vieron la cantidad de basura arrojada sin medida, ni dolor? ¿para cuándo será que la fiesta se convierte en trabajo colaborativo, en práctica ciudadana cotidiana, en memoria y en futuro?