Ana María Granada, el reto de llevar su experiencia del territorio al campo ibaguereño
Hay nombramientos que se entienden mejor cuando se mira a la persona que asumirá el cargo y no solamente la dependencia que dirigirá. Ese es el caso de Ana María Granada Castaño, quien asumirá como nueva Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural de Ibagué, una responsabilidad que la pondrá frente a uno de los sectores que más conecta a la ciudad con su territorio rural.
Granada Castaño es ingeniera civil de la Universidad de Ibagué y especialista en Gerencia de Proyectos de Construcción e Infraestructura de la Universidad del Rosario. Su formación está relacionada con la planeación, la ejecución y el seguimiento de proyectos, pero su trayectoria también la ha llevado a escenarios donde las necesidades del campo dejan de ser cifras y se convierten en realidades concretas.
Uno de los aspectos más relevantes de su experiencia está precisamente en su vínculo con el sector agropecuario. La nueva funcionaria se desempeñó como Profesional de Campo en el Comité de Cafeteros del Tolima, una experiencia que le permitió tener contacto directo con productores y conocer desde el territorio algunas de las dificultades que enfrenta la actividad rural, ese puede ser uno de los principales puntos de interés frente a su llegada a la Secretaría: no se trata únicamente de administrar proyectos, sino de entender para quién se ejecutan.
Del escritorio al territorio
El campo ibaguereño tiene una característica particular: está cerca de la ciudad, pero muchas veces sus necesidades parecen estar lejos de las decisiones que se toman en ella. Las vías rurales, la infraestructura, la productividad, el acompañamiento técnico y las condiciones para que las familias permanezcan en sus territorios hacen parte de una realidad que exige presencia y capacidad de gestión. En ese escenario, la experiencia de Ana María Granada puede convertirse en una herramienta importante.
Su trayectoria profesional supera los siete años e incluye gestión, supervisión e interventoría de proyectos tanto en el sector público como en el privado. También lideró la Secretaría de Planeación, Obras y Servicios Públicos de Santa Isabel, Tolima, donde estuvo relacionada con asuntos como el mantenimiento de vías rurales mediante maquinaria amarilla y la supervisión de obras.
Es decir, conoce dos mundos que pueden encontrarse en esta nueva responsabilidad: la administración de proyectos y las necesidades de los territorios rurales, Pero el verdadero desafío estará en lograr que esa experiencia se traduzca en resultados que puedan sentir los productores.
Porque para un campesino, una vía en buenas condiciones no es simplemente una obra pública. Puede significar sacar una cosecha a tiempo, reducir costos de transporte o evitar que un producto pierda valor antes de llegar al mercado. Para una familia rural, el acompañamiento institucional tampoco es un trámite; puede representar una oportunidad para mejorar sus ingresos y encontrar razones para continuar produciendo.
Una ingeniera frente a las necesidades del campo
La llegada de una ingeniera civil a la Secretaría de Agricultura abre también una expectativa interesante. Su formación y experiencia en infraestructura pueden tener especial relevancia en un sector donde las condiciones físicas del territorio tienen una relación directa con la productividad, sin embargo, el reto no estará solamente en construir o mantener infraestructura. El campo necesita que las obras tengan sentido para quienes viven y trabajan en él.
Por eso, uno de los grandes retos para Granada Castaño será mantener esa mirada de territorio que ya hace parte de su trayectoria y combinarla con las capacidades de gestión que exige una Secretaría que debe responder por las necesidades de productores de Ibagué.
Su formación técnica contable y su experiencia en auditorías de sistemas de gestión ISO también hacen parte de su perfil, aunque el verdadero examen de su gestión estará mucho más allá de los documentos, los indicadores o los procesos administrativos.
Será una moderna funcionaria, estará en las veredas, al tanto de las condiciones de las vías, con la escucha activa para los productores, pero sobre todo, en que las decisiones tomadas desde la administración municipal logren convertirse en oportunidades reales para quienes sostienen buena parte de la actividad rural de la ciudad.
Ana María Granada comienza así una nueva etapa profesional con una responsabilidad que va más allá de ocupar una oficina. Su principal desafío será demostrar que la experiencia acumulada en la ingeniería, la gerencia de proyectos y el trabajo relacionado con el sector agropecuario puede ponerse al servicio de un campo ibaguereño que necesita ser escuchado, acompañado y conectado con las oportunidades.