Ibagué rindió homenaje a Doris Sanz de Cano en su centenario
Con una eucaristía cargada de emoción y gratitud, Ibagué conmemoró este 26 de julio el centenario del nacimiento de María Doris Sanz de Cano, una mujer recordada por quienes la conocieron como un ejemplo de fortaleza, amor por la familia y profunda vocación de servicio.
La ceremonia se realizó en la parroquia Santa Cruz de Jerusalén, templo que también celebró su primer aniversario y que representa uno de los sueños que doña Doris anheló durante gran parte de su vida, entregar una iglesia a la Arquidiócesis de Ibagué como un legado de fe para la comunidad.
María Doris Sanz nació el 26 de julio de 1926 en Montenegro, cuando ese municipio hacía parte del antiguo departamento de Caldas, hoy Quindío. Su historia estuvo marcada desde muy temprano por la adversidad. Apenas tenía tres meses de nacida cuando perdió a su padre en un accidente, situación que la llevó a crecer entre distintos hogares y a enfrentar una infancia llena de desafíos.
Durante varios años vivió con sus abuelos paternos y posteriormente regresó con su madre, aunque las circunstancias familiares la llevaron a continuar su formación como interna en el colegio María Auxiliadora de Bogotá. Aquellas experiencias moldearon el carácter de una mujer resiliente, cuya fortaleza sería una de sus principales virtudes.
Años después llegó a Ibagué, ciudad donde construiría el resto de su vida. Allí conoció a Gustavo Cano, con quien contrajo matrimonio en 1945 y formó una familia de ocho hijos. Juntos levantaron un hogar basado en el trabajo, el esfuerzo y la unión, valores que transmitieron a las nuevas generaciones.
Quienes compartieron con ella la recuerdan como una mujer alegre, sencilla y generosa, profundamente católica y convencida de que la fe era el motor para superar cualquier dificultad. La participación en la eucaristía ocupaba un lugar especial en su vida y se convirtió en el eje de un camino marcado por el servicio y el amor al prójimo.
El homenaje realizado en su centenario no solo recordó su historia personal, sino también el legado que dejó en su familia y en quienes tuvieron la oportunidad de conocerla. Su vida demuestra que, aun en medio de las pérdidas y las dificultades, es posible construir un camino lleno de esperanza, solidaridad y amor.
A cien años de su nacimiento, doña Doris Sanz de Cano sigue siendo recordada como una mujer cuya fe inquebrantable, alegría permanente y capacidad para servir continúan inspirando a quienes mantienen vivo su legado.