¿La Circunvalar de Calambeo es una solución o una bomba de tiempo? La montaña y la movilidad ponen en jaque la obra
Durante años, la llamada Avenida Circunvalar por Calambeo fue uno de esos proyectos que aparecían una y otra vez en el imaginario de Ibagué. La idea parecía sencilla: conectar el centro de la ciudad con la zona de Ambalá a través de un corredor que permitiera descongestionar otras vías y abrir una nueva alternativa para miles de ciudadanos.
El proyecto que muchos imaginaron durante varias administraciones contemplaba una vía de mayor capacidad, con dos carriles por sentido y separador central. Sin embargo, la realidad que hoy genera discusión es otra: una carretera estrecha, de doble sentido, en una zona donde ya existen problemas de movilidad y donde cada metro de vía parece tener que disputarse con la montaña.
Y ahí aparece la pregunta que incomoda: ¿se está construyendo primero la conexión que todos soñaron o se está dejando para después el problema que actualmente ya tiene Calambeo?
El problema no comienza en la montaña, comienza en la congestión
Quienes conocen el sector advierten que la vía existente ya soporta una carga considerable. Colegios, establecimientos comerciales, restaurantes, servicios de salud, conjuntos residenciales y viviendas han convertido este corredor en un punto de circulación permanente.
La preocupación es qué ocurrirá cuando una nueva conexión convierta a Calambeo en una ruta atractiva para vehículos provenientes de sectores como La Gaviota, El Vergel y Ambalá que busquen llegar rápidamente hacia el centro.
Si la vía actual ya presenta dificultades con el tráfico que tiene hoy, la pregunta ciudadana resulta inevitable: ¿qué capacidad real tendrá para soportar el tráfico adicional que pretende generar la nueva conexión?
Y hay otro asunto que no puede quedar relegado: el peatón. En varios sectores, caminar por la zona significa compartir espacios reducidos con vehículos, precisamente en un corredor donde también se movilizan estudiantes, trabajadores y residentes.
La montaña también está entrando en el debate
La discusión no termina en el asfalto. La intervención del terreno ha despertado interrogantes sobre la estabilidad de los taludes, el manejo de materiales y las condiciones geológicas de la zona.
Luis Fernando Díaz Cabrera, de la Veeduría Agua para Ibagué, VAPI, cuestiona la manera como se estaría desarrollando la intervención y sostiene que existen preocupaciones ambientales y técnicas que deberían ser explicadas públicamente.
Su señalamiento es contundente: “Eso no es una contrahuella, es una carreterita, una carretera en concreto, no tiene base, ni subbase, ya en algunas partes está socavada”.
La preocupación adquiere mayor relevancia por tratarse de una zona donde existen antecedentes de problemas de estabilidad. Un caso que vuelve a la memoria es el de la cárcava La Aurora, donde una obra de aproximadamente $1.200 millones terminó parcialmente colapsada y fue objeto de cuestionamientos de organismos de control.
¿Y qué pasa con el agua y la biodiversidad?
Otro punto que merece respuestas es el impacto sobre el entorno natural. La zona de Calambeo alberga ecosistemas y reservas naturales reconocidas por su biodiversidad. La Reserva Natural Gaia, ubicada en este sector, ha sido documentada como un espacio de importancia para aves migratorias y especies locales.
Por eso, más que convertir el debate en una pelea entre quienes quieren obras y quienes defienden el ambiente, la ciudadanía necesita conocer los estudios que soportan la intervención, las medidas de manejo de aguas, la estabilización de taludes, la disposición de materiales y las garantías de seguridad de la infraestructura.
Porque una carretera puede ser necesaria y, al mismo tiempo, estar obligada a responder preguntas difíciles.
La ciudad necesita una Circunvalar, pero no cualquier Circunvalar
El sueño de conectar Calambeo con Ambalá puede convertirse en una solución histórica para Ibagué. Pero también podría convertirse en un nuevo problema si la infraestructura queda pequeña frente al tráfico que pretende atraer o si las condiciones técnicas y ambientales no son las adecuadas.
La discusión, entonces, no debería ser obra sí u obra no.
La verdadera pregunta es mucho más seria: ¿estamos construyendo la Circunvalar que Ibagué necesita o simplemente una carretera que mañana tendrá que volver a intervenirse?
La ciudad merece conocer los estudios, los diseños y las respuestas técnicas antes de que el cemento termine cerrando definitivamente las preguntas.