Elías Acosta: Un varón recio, de temple y de carácter
Por su paisaje, su pueblo y su historia, particularmente por Ambalema, a orillas del río grande de la Magdalena, y en sus últimas décadas, por su empeño en hacer de su hacienda en Alvarado un ejemplo de productividad, manteniendo los valores ancestrales de nuestros campesinos, acompasados con el ritmo de la mejor tecnología moderna.
Nos convocaba a lo amigos a que observáramos el milagro de su esfuerzo y su dedicación al trabajo que en todas sus actividades lo distinguieron. La última vez que allí estuvimos lo encontramos optimista, mirando el futuro con esperanza sin presentir jamás un final cercano. Fue un varón recio, serio, de temple y de carácter, amigo de sus amigos, firme en sus posiciones gremiales y cívicas y entusiasta, sincero y valeroso en sus adhesiones políticas.
A lo largo de tantos años y de tantos episodios compartidos de la existencia, siempre encontré las puertas abiertas de su tradicional negocio de la carrera segunda y la mesa de su residencia dispuesta y servida noblemente por Helena, su sombra amorosa. Allí los amigos compartimos por largos y fecundos años, bellos sueños y duras y complejas realidades. Su familia sufrió el impacto de los años terribles de la violenciade los años cincuenta y el Tolima le deparó pan, amor y oportunidades.
En nuestro espléndido escenario encontró albergue propicio y con sus hermanos fue un constructor de progreso visionario y honrado. Su actitud firme y resuelta fue la coraza para esconder un humor sutil y para dejar solo para su propia intimidad el afecto solidario que le entregó al círculo selecto de quienes tenemos el orgullo de contarnos entre sus mejores amigos, pero especialmente a su esposa ejemplar, comprensiva y discreta y a su hija, en quién desbordo su amor de padre y por quien padeció los más duros momentos por cuenta de un secuestro abominable que golpeó la fortaleza de su corazón. Octavio Paz,el gigante de la literatura mejicana, el admirado premio Nóbel, sentenció que para el amor se requiere un instante, y para la amistad una larga paciencia. La que tuvo el querido Elías para sembrar en nuestro espíritu un afecto indestructible y la gratitud que ahora se sublima en estas breves palabras, para despedirlo con íntima y adolorida emoción. Por su conducto apreciado Alfonso, un fuerte abrazo a toda la familia, al que se unen Liliana y los míos. Siempre amigo.