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La falta de nivel en el debate político

“Calumniad, calumniad … que de la calumnia algo queda”, es una vieja pero oportuna frase de Francis Bacon, que se ajusta a lo que se está viviendo en esta campaña política.
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21 Ene 2022 - 6:59 COT por Ecos del Combeima

Se ha vuelto una practica común, entre los candidatos a cámara de representantes y senado, y especialmente en aquellos que no cuentan con el favor popular, recurrir a expresiones o manifestaciones que de manera irresponsable salpican a sus contradictores políticos, con el propósito de sembrar un manto de duda con sus infundadas acusaciones. 

Hace algunos días fueron noticia las declaraciones de la candidata a la cámara de representantes por el partido Liberal, Olga Beatriz Gonzales y del Candidato al Senado Ariel Avila, en donde afirmaban que : “Hay una impunidad y algún día tendrá que saberse la verdad para mirar los niveles de corrupción a los que ha llegado el departamento. Da lágrima ver como la Gobernación, la Alcaldía y demás entes dilapidan los recursos con una feria de contratos y dádivas en todos los municipios.

Si se tratara de un ejercicio serio, objetivo y no de una practica politiquera por ganar incautos en campaña, estos candidatos tendrían el deber moral y legal de denunciar ante la fiscalía General de la Nación o ante los órganos de control, los supuestos actos de corrupción de los que parecen estar muy seguros, porque de lo contrario, sí estarían incurriendo en una falta al deber  previsto en la ley 906 de 2004 y que refiere: ARTÍCULO 67. DEBER DE DENUNCIAR. Toda persona debe denunciar a la autoridad los delitos de cuya comisión tenga conocimiento y que deban investigarse de oficio.

No es necesario hacer política hablando mal de los demás, pues eso denota pobreza en el discurso; basta con ejercer sus liderazgos políticos con ideas, argumentos, con menos retórica y mas acción, mostrando cuales son sus iniciativas y que tan capaces son de realizarlas. la gente espera mucho de este nuevo congreso, seria una decepción elegir candidatos que harán mas de lo mismo. ¿Entonces el tan proclamado y anhelado cambio para cuando?

Mi invitación es a que le den altura al debate, que lo hagan por contribuir a tener un mejor departamento y un mejor país. Los invito al respeto, que le den fuerza a las razones por encima a la ligereza de las palabras, porque Para ganar tribuna no se necesita calumniar o denigrar del otro.

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Porque ya no basta con producir bien. Tampoco basta con tener tradición agrícola. Hoy el reto es otro: producir con eficiencia, gestionar con criterio empresarial y competir con estándares más altos.

No se trata de cualquier café. Son los mejores cafés de cada departamento, aquellos que han logrado destacarse por sus perfiles sensoriales, su trazabilidad y su calidad excepcional.

Pero Colombia no es un modelo teórico. Es un país donde la economía real funciona con una lógica distinta: aquí el crédito no es únicamente una herramienta de consumo, es un mecanismo de supervivencia. Y es ahí donde aparece la otra cara del debate.

Colombia importa cerca de 1,5 millones de toneladas de maíz al año, base para producir pollo, cerdo y huevo. También importa grandes volúmenes de carne de cerdo, lo que termina afectando el precio interno.

Esta lamentable situación tiene dos caras de una misma moneda. Ataco, donde generación tras generación había vivido de la agricultura básica y una minería artesanal, se encuentra hoy sometido a la ilegalidad.

Es muy triste que, aunque hoy existan más denuncias, no haya la misma proporción de justicia, pues el país se acostumbró a la indignación digital, a los nombres que circulan, a testimonios que conmueven, a debates encendidos y luego al olvido.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.