El legado de dos abuelas que sigue sonando en Ibagué: sus familias celebraron el homenaje del Club Campestre
Más que la inauguración de dos salones, para las familias de Leonor Buenaventura de Valencia y Amina Melendro de Pulecio el homenaje realizado por el Club Campestre de Ibagué representa una forma de mantener viva una historia que hace parte de la identidad musical de la ciudad.
Así lo expresaron María Paula Valencia, nieta de Leonor Buenaventura, y Darío de la Pava Pulecio, nieto de Amina Melendro, quienes acompañaron el acto en el que fueron bautizados dos espacios del tradicional club con los nombres de sus abuelas.
Para María Paula Valencia, el reconocimiento tiene un significado especial porque recuerda aquellos lugares y momentos en los que su abuela hizo de la música una parte esencial de la vida cotidiana de Ibagué
Recordó con emoción las antiguas casonas del centro de la ciudad y particularmente el piano de Leonor Buenaventura, cuya trayectoria estuvo ligada al Conservatorio del Tolima, al piano, la composición y a la formación de varias generaciones de músicos.
“Es sin duda el reconocimiento a una tradición, a una historia, a lo que significan las notas de Leonor Buenaventura”, expresó durante la entrevista.
En el caso de Amina Melendro, su legado también permanece estrechamente ligado a la formación musical de Ibagué y al Conservatorio del Tolima, institución en la que tuvo una trayectoria fundamental.
Para Darío de la Pava Pulecio, ver el nombre de su abuela en uno de los salones del Club Campestre significa que aquella historia continúa encontrando espacios para ser recordada y transmitida a nuevas generaciones.
Pero el homenaje, según lo expresaron los familiares, no debería quedarse únicamente en la memoria.
También es una invitación a que niños y jóvenes conozcan el trabajo de quienes ayudaron a construir la identidad musical de Ibagué y encuentren en esa historia una inspiración para continuar fortaleciendo la música y la cultura en el Tolima.
“Somos la Capital Musical de Colombia”, fue una de las reflexiones que dejó el encuentro, precisamente en un momento en el que el nombre de estas dos mujeres vuelve a ocupar un espacio visible en la ciudad.
Para sus familias, que el Club Campestre haya decidido llamar Amina Melendro y Leonor Buenaventura a estos dos salones significa que sus nombres seguirán haciendo parte de encuentros, conversaciones y nuevas historias.
Y quizá ese sea el verdadero sentido del homenaje: que las generaciones que no alcanzaron a escucharlas ni conocerlas puedan saber quiénes fueron y por qué sus nombres todavía tienen algo que decirle a Ibagué.