El cacao que crece sin afán: Mercedes Gil convierte la tradición campesina de Cay en chocolate artesanal
En la vereda Cay, en el Cañón del Combeima, una mujer rural encontró en el cacao una manera de trabajar la tierra respetando sus tiempos y convertir una cosecha propia en un producto artesanal que busca llegar a las familias ibaguereñas. Mercedes Gil decidió llevar el producto un paso más allá, transformar los granos en chocolate en polvo mediante un proceso artesanal que conserva buena parte de las prácticas tradicionales del campo. Ella es una cajita de sorpresas, es también escritora y ha creado terapias en medio de la naturaleza y los cultivos de cacao.
Un cacao que tiene su propio ritmo
Para Mercedes Gil Pérez, cultivar cacao no significa obligar a la tierra a producir cada vez más, sino entender sus ciclos y permitir que las plantas avancen progresivamente. Esa filosofía hace parte de la vida que lleva en su finca, donde el cultivo y el bienestar familiar están estrechamente relacionados.
“En nuestra finca lo que hacemos es que ese cacao, así como nuestro estilo de vida, nuestra calidad de vida mejora a través del tiempo y produce a través del tiempo”, explica Mercedes, quien defiende una producción en la que las plantas puedan desarrollarse de acuerdo con su propio nivel.
Esa manera de entender el campo terminó convirtiéndose también en la identidad de su producto, el Cacao Silvestre de Fogaril ‘Cimarrón’, elaborado a partir del cacao que cultiva en la vereda Cay, no se trata solamente de llevar el grano al mercado. La apuesta consiste en transformar parte de esa producción en chocolate en polvo, agregando valor a una cosecha que nace en territorio ibaguereño y que conserva un fuerte componente artesanal.
De la finca a la taza, sin perder la tradición
Mercedes describe su producto como 100 % puro, orgánico y artesanal. El proceso comienza con el tostado del cacao en pailas de barro y continúa con su transformación mediante un molino Corona, conservando una elaboración manual que contrasta con los procesos industriales, al cacao se le incorporan clavo y canela, sin azúcar, una combinación que busca recuperar sabores tradicionales y ofrecer una alternativa para quienes prefieren controlar la cantidad de azúcar que consumen.
La propuesta también está acompañada de un mensaje relacionado con el bienestar emocional. Mercedes destaca las propiedades atribuidas al cacao y señala que su consumo puede asociarse con sustancias como la serotonina y la dopamina y con sensaciones de bienestar. Sin embargo, estas referencias no deben interpretarse como un tratamiento médico para la ansiedad, el estrés u otras condiciones de salud.
El valor de la propuesta está también en la experiencia que Mercedes quiere construir alrededor del producto: una bebida para acompañar la lectura, la conversación o simplemente una pausa, conectando los sabores del campo con momentos cotidianos de tranquilidad.
Cuando el campesino también transforma lo que cultiva
El emprendimiento representa una oportunidad para que la producción rural no termine necesariamente en la venta de la materia prima. Al transformar el cacao en polvo, Mercedes participa en una etapa adicional de la cadena y lleva hasta el consumidor un producto con identidad propia.
El Cacao Cimarrón se comercializa y puede encontrarse en la Casa Campesina, ubicada en la carrera 3 # 10-25 de Ibagué. Su propuesta está vinculada además con el libro El Poder del Equilibrio Emocional, de Lilia Mercedes Gil Pérez, planteando una experiencia que combina cacao, lectura y reflexión.
Todo producto artesanal tiene historia
Mercedes reconoce el respaldo recibido de la Alcaldía de Ibagué y de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural para fortalecer sus iniciativas como mujer rural y campesina.
Su historia recuerda que detrás de un producto artesanal hay mucho más que una receta. Hay una finca, unas plantas que producen a su propio ritmo, conocimiento campesino y una decisión de permanecer vinculada a la tierra. En Cay, ese proceso se convierte en cacao y el cacao, en una oportunidad para demostrar que el campo ibaguereño también puede producir, transformar y construir sus propias alternativas económicas.