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Agroindustria un camino a la transformación

Ya es hora de cambiar los discursos por las acciones. El Tolima no se va a transformar solo desde una oficina en Ibagué ni desde un plan de desarrollo que nadie lee en la vereda.
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Suejto
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8 Nov 2026 - 8:08 COT por Omar Julián Valdés Navarro

Hace unos días me senté a revisar un dato que me dejó pensando. El 93% del café que Colombia exporta sale verde — sin tostar, sin moler, sin marca. Alguien en Alemania, en Japón o en Corea lo recibe, lo transforma y lo vende tres o cuatro veces más caro. Cien años exportando café y seguimos mandando la materia prima para que otros hagan el negocio grande.

El mercado mundial de cafés de especialidad mueve más de 20.000 millones de dólares al año. El Tolima tiene denominación de origen, tiene cafés de talla mundial, tiene productores que llevan décadas construyendo calidad taza a taza. Y aun así, cuando un comprador en Oslo o en Tokio paga 40 dólares por un kilo de café tostado de Planadas, el cafetero que lo sembró recibió quizás el 5% de ese precio. Eso no es un problema de calidad. Es un problema de dónde se queda el valor.

Lo que les acabo de mencionar no es solo un problema cafetero. Es el problema de todas nuestras cadenas productivas. El cacao sale en grano, el aguacate sale fresco, los cítricos se van como fruta. Terminamos siendo un departamento — y un país — de materias primas. Los vientos de cambio existen y se sienten, pero la agroindustria tolimense sigue siendo orientada a producir más, no a generar más valor. Y es precisamente en ese segmento — el de la transformación — donde están los ingresos que nuestros productores todavía no están capturando.

¿Qué necesitamos para cambiar eso? No es un misterio. Primero, infraestructura adecuada con rutas de abastecimiento que funcionen. Es hora de pensar en grande: el Tolima necesita una planta de trillado con la capacidad real para procesar el volumen que produce el departamento y surtir el vasto negocio del café a escala. No tiene sentido que seamos el tercer productor cafetero del país y sigamos dependiendo de plantas de otras regiones para transformar nuestra propia cosecha. Segundo, crédito que llegue de verdad — el Banco Agrario tiene líneas para agroindustria pero los requisitos y los tiempos siguen siendo un laberinto para el productor de mediana escala. Tercero, interconexión con mercados globales — no para vender más de lo mismo, sino para posicionarnos en nichos de alto valor: compradores especializados en Europa, Asia y Norteamérica que están dispuestos a pagar el doble o el triple por un producto con identidad, con origen, con historia. Ruedas de negocios internacionales, misiones comerciales, plataformas de trazabilidad que conecten la finca del Tolima con el comprador en Tokio. Y cuarto, formación técnica — transformar requiere conocimiento que hoy no llega sistemáticamente al productor.

Ya es hora de cambiar los discursos por las acciones. El Tolima no se va a transformar solo desde una oficina en Ibagué ni desde un plan de desarrollo que nadie lee en la vereda. Se transforma cuando el sector privado llega con inversión, cuando la academia baja de las aulas a los cultivos, cuando las alcaldías y la gobernación alinean sus recursos hacia un mismo norte, cuando los gremios dejan de pelearse el protagonismo y empujan juntos, cuando el productor deja de ser el último en enterarse y se convierte en el primero en decidir. El Tolima tiene tierra, tiene gente, tiene clima y tiene historia. Lo único que le falta es que todos los que podemos hacer algo dejemos de esperar que lo haga el otro. Esta gran empresa agropecuaria que es nuestro departamento se lo merece. Y nuestra ruralidad, que ha cargado por décadas con el peso del abandono, se lo merece mucho más.

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