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IBAGUÉ - COLOMBIA, 15.Noviembre.2019
Belvedere
  |   14.Mayo.2019   |   Por:  
Laura Castro

Ibagué necesita un poligerente

Ibagué, Tolima, 2019
Crédito: 
Alcaldía de Ibagué
No es fácil lograr el equilibrio de la experiencia público-privada. En estos momentos Ibagué cuenta con un mandatario que exhibe el mejor palmarés político. Lastimosamente se raja en el ejercicio gerencial, porque carece de las competencias fundamentales de la alta gerencia.

Por estos días comienzan a conocerse los nombres de los posibles aspirantes a la alcaldía de Ibagué, muchos de ellos provenientes del sector privado y con 0 kilometraje en lo público.  Esa circunstancia en caso de ser elegido, se verá reflejada a lo largo de su gestión, y no por hacerla más eficiente o productiva, todo lo contrario, será factor de estancamiento y obstrucción para cumplir con su programa de gobierno.

A esa conclusión han llegado muchos exmandatarios, que sufrieron la metamorfosis de lo privado, empresarial o comercial a lo político. Líderes famosos y conocidos, buenas personas, simpáticos, emprendedores e innovadores, que en el ejercicio del cargo, se sintieron abrumados y encartados, no viendo la hora de terminar su administración.

En ese orden de ideas, las personas que están pensando o inopinadamente son escogidas para candidatizarse a la alcaldía, podrían al menos adelantar estudios en una especialización, diplomado, magister, o algunas de las tantas opciones que existen para conocer el manejo de lo público, y no hacer el ejercicio del aprendizaje en el desempeño de funciones, porque pierden todos, pero más la ciudad.

No es fácil lograr el equilibrio de la experiencia público-privada. En estos momentos Ibagué cuenta con un mandatario que exhibe el mejor palmarés político. Lastimosamente se raja en el ejercicio gerencial, porque carece de las competencias fundamentales de la alta gerencia: Visión clara, real y sostenible de ciudad, liderazgo efectivo, pensamiento estratégico, habilidad de comunicación, asertiva toma de decisiones, trabajo en equipo y entrega de resultados bajo presión, entre las más destacadas.

Ibagué en los últimos 20 años no ha podido elegir un mandatario que supere las expectativas con sus compromisos de campaña y tampoco el cumplimiento a cabalidad de su plan de gobierno.

El político que se interese en aprender de la dinámica gerencial, muy posiblemente logrará trabajar con creatividad e iniciativa, sabiendo que existe el largo, el mediano y el corto plazo, para esbozar el futuro y concentrarse en las prioridades de ciudad, entendiendo que no todo lo podrá realizar, pero sus ejecutorias podrán ser referente de cambio y transformación, donde se involucra a  todos los actores de progreso y desarrollo, sin distingo alguno en una sensible muestra de humanismo y total conocimiento de sus gentes y territorio.

Lastimosamente elegimos políticos que no viven en la ciudad, no la aprecian y  carecen de sentido de pertenencia, actitudes que se perciben a través de su gestión, pero que una vez esta culmina, y si la oportunidad y la coyuntura pintan, regresan otra vez para hacerse elegir.

El crítico momento que vive Ibagué sin definir su vocación como ciudad, la deficiente infraestructura vial, educativa y deportiva, los altos índices de desempleo e inseguridad, el caos en la movilidad, la pesada y desmedida carga impositiva y la dificultad para concertar entre sus sectores vitales, ameritan un alcalde de talla mayor, que se mueva con solvencia en asuntos políticos, con personalidad influyente y desenvolvimiento para gestionar recursos ante el alto gobierno.

Ibagué necesita un  Poligerente –político-gerente-, que entienda la importancia de trabajar con las nuevas generaciones, fomentando la competitividad, el emprendimiento y la innovación, como la fórmula  para avizorar un mejor futuro y  minimizarle a  la ciudad  sus principales problemas y  de una vez por todas,  los habitantes perciban  el impacto positivo en su calidad de vida.