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Opinión: Virtualidad, una realidad

La virtualidad es una realidad latente en todos los escenarios de la cotidianidad de los ciudadanos, es una herramienta poderosa que nos ha permitido en esta crisis, dar cuenta de unas nuevas formas eficientes y menos costosas de acceder a la educación de alta calidad.
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19 Abr 2020 - 9:55 COT por Ecos del Combeima

En épocas de pandemia son muchas las reflexiones, el aprendizaje y la adaptación, a las cuales llegamos después de analizar las mega tendencias y tendencias, estos escenarios novedosos nos permiten determinar que los comportamientos sociales han cambiado, así como las dinámicas económicas y los procesos para activar la sociedad de manera eficiente. Algunos usan las redes sociales para, como dijo el expresidente Obama, en su reciente visita a Colombia “para la mentira”, otros para destruir o imponer su criterio o sencillamente para buscar beneficio y así satisfacer sus intereses.

La virtualidad es una realidad latente en todos los escenarios de la cotidianidad de los ciudadanos, es una herramienta poderosa que nos ha permitido en esta crisis, dar cuenta de unas nuevas formas eficientes y menos costosas de acceder a la educación de alta calidad, evitar traslados o reuniones presenciales, sintetizar procesos, ganar tiempo, hacer negocios, comprar, vender, en fin, un universo entero de posibilidades, que mejoran la calidad de vida, si se saben utilizar adecuadamente.

Reconozco en el presidente Duque, el enorme esfuerzo que ha hecho en materia de apropiación digital, las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, son estrictamente necesarias en nuestro modelo pedagógico y para la productividad, pero aun nos falta mucho, en colegios del Tolima tenemos un computador por cada 8.2 estudiantes, de acuerdo al índice departamental de competitividad en el pilar de  adopción de TIC, estamos en el puesto 13 de 33 y en el índice de competitividad regional 2019 tiene un puntaje de 5 sobre 10 ocupando el puesto 14, en estas cifrases bueno destacar que solo el 32.10% de los hogares cuentan con computador y solo el 11% de la población tolimense, cuenta con internet de banda ancha, lo que dista mucho de una realidad positiva y sobre la cual los gobiernos locales y regional deben trabajar e invertir de manera importante y urgente. 

Ya sabemos la importancia de la virtualidad para la educación, la productividad y el desarrollo social, entonces manos a la obra, no podemos seguir esperando y pensando como subdesarrollados, aprovechemos la crisis para tomar acciones contundentes y determinantes que nos construyan un presente y futuro próspero, basado en escenarios reales y alejados del discurso que todo lo adorna y no hace nada.

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Por eso, elegir bien no es un asunto menor. Es decidir quién tendrá la responsabilidad de defender al Tolima con argumentos, con liderazgo y con visión de desarrollo, en el escenario donde se toman las decisiones más importantes del país.

El crecimiento de 131 % no debe leerse como un punto de llegada, sino como una señal de oportunidad. Porque la participación del Tolima dentro del total nacional sigue siendo cercana al 0,35 % en exportaciones no minero-energéticas. Es decir, hay crecimiento, pero también hay un enorme margen de expansión.

Hay quienes afirman que dicha conducta raya en un problema de salud mental, pero también, desde el punto de vista sociológico, algunos expertos, como el mexicano Omar Estrada, han abordado el fenómeno como una nueva forma de expresión de los jóvenes que hay que entender y comprender.

“Con seguridad todo y sin seguridad nada¨, frase que ha calado profundamente en todos los colombianos, al nacer de una realidad.

Colombia atraviesa un momento económico complejo, mientras el debate político se consume en polarización, la economía real intenta sostenerse sobre una base exportadora aún frágil y altamente dependiente de bienes primarios.

La decisión más importante en marzo, mayo y junio de 2026 es elegir pensando en nuestra institucionalidad y democracia, que ha sido la más antigua y solida de Latinoamérica y respetar, así no nos gusten, esos pesos y contrapesos, y mejorar esta institucionalidad para que nunca más alguien abuse de ella o termine proponiendo constituyentes amañadas, para gobernar a su antojo. 

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

Hoy la situación no solo no mejora, sino que se agrava, y la comercialización del arroz se vuelve cada vez más pesada y más injusta para el agricultor tolimense.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.