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Opinión: Convivencia, más allá del Covid 19

La hija del presidente del Banco Santander Portugal, fallecido por coronavirus escribió “somos una familia millonaria, pero mi papá murió solo y sofocado, buscando algo tan simple como el aire. El dinero se quedó en casa”.
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Ecos del Combeima
6 Abr 2020 - 6:51 COT por Ecos del Combeima

En estos días de confinamiento, con una particularidad de circunstancias que vivimos, afloran las mejores y peores actitudes, es una oportunidad de estar cerca, en intimidad, soledad, solidaridad, palabras, historias y anécdotas, las redes sociales y el frenesí de esta vida moderna, nos dan unas nuevas formas de relacionarnos, de actuar, pero también esta situación nos pone a prueba, de reconocimiento de tolerancia, de respeto por la diferencia, de capacidad de asimilación de crisis, de resolución pacífica de conflictos y sobre todo de resiliencia. 

Heidegger, expuso una categoría que denomino “Lo a la mano” una gran exposición sobre lo que nos es útil y su función, de lo cual perdemos la noción de su importancia, lo que se nos va volviendo invisible, porque hace parte del uso diario, el bombillo prende, el interruptor se hizo para prender el bombillo, en fin, pero cuando el bombillo no prende o el interruptor se daña reconocemos su importancia, esta categoría “lo a la mano”, nos hace entender que las cosas existen cuando dejan de prestar la utilidad para la que fueron hechas, que son importantes; en este contexto esta situación del coronavirus, nos ha llevado a tener conciencia plena de la importancia de cada gesto, de cada abrazo, del beso, del mirar a los ojos, de la libertad para movernos, del todo, de cada cosa, de cada ser y por supuesto la importancia de la familia, de los amigos, los que nos toleran, soportan, con los que discutimos, lloramos, a los que llamamos, con los que hablamos todos los días y creemos siempre van a estar ahí. 

Por eso mas allá de los sentimientos negativos, de la intolerancia, del odio, de lo irascibles que nos ponemos, por no poder hacer lo que queremos, en familia debemos buscar los buenos sentimientos, tener una sana convivencia, respeto por el pensamiento diferente y mucho amor, para que la categoría de “lo a la mano” no nos sorprenda con un familiar o amigo y entendamos solo en ese momento, su gran importancia para nuestras vidas. La hija del presidente del Banco Santander Portugal, fallecido por coronavirus escribió “somos una familia millonaria, pero mi papá murió solo y sofocado, buscando algo tan simple como el aire. El dinero se quedó en casa”.

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Porque ya no basta con producir bien. Tampoco basta con tener tradición agrícola. Hoy el reto es otro: producir con eficiencia, gestionar con criterio empresarial y competir con estándares más altos.

No se trata de cualquier café. Son los mejores cafés de cada departamento, aquellos que han logrado destacarse por sus perfiles sensoriales, su trazabilidad y su calidad excepcional.

Pero Colombia no es un modelo teórico. Es un país donde la economía real funciona con una lógica distinta: aquí el crédito no es únicamente una herramienta de consumo, es un mecanismo de supervivencia. Y es ahí donde aparece la otra cara del debate.

Colombia importa cerca de 1,5 millones de toneladas de maíz al año, base para producir pollo, cerdo y huevo. También importa grandes volúmenes de carne de cerdo, lo que termina afectando el precio interno.

Esta lamentable situación tiene dos caras de una misma moneda. Ataco, donde generación tras generación había vivido de la agricultura básica y una minería artesanal, se encuentra hoy sometido a la ilegalidad.

Es muy triste que, aunque hoy existan más denuncias, no haya la misma proporción de justicia, pues el país se acostumbró a la indignación digital, a los nombres que circulan, a testimonios que conmueven, a debates encendidos y luego al olvido.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.