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IBAGUÉ - COLOMBIA, 18.Septiembre.2020
Inacar
50 años
  |   24.Enero.2020   |   Por:  
Alejandra Guerrero

¡Perdón! ¿La próxima vez?

Crédito: 
Javier Pérez / Ecos del Combeima
Somos una sociedad violenta e indiferente, somos producto de décadas de guerra entre nosotros. Por: Alejandra Guerrero Fajardo.
Vivati

Somos una sociedad violenta e indiferente, somos producto de décadas de guerra entre nosotros. Las historias que incluyen derramamiento de sangre son tan comunes que lo curioso es cuando no hacen parte de los titulares de noticias. Todo nos parece que fuera ajeno y que no nos alcanzara a nosotros.

Es así como acabamos con la frase “que lo pague el Gobierno”, como si nosotros no fuéramos stakeholders e inversionistas directos del Gobierno. Para ejemplificarlo de manera sencilla, nosotros pagamos a cambio de que el gobierno genere condiciones de crecimiento y nos de seguridad para vivir en condiciones de prosperidad. El Gobierno lleva tantos años incumpliendo su parte que nosotros como sociedad nos hemos vuelto indiferentes y nos parece normal que el crecimiento sea tan poco que más de la mitad de la sociedad viva en condiciones de pobreza. Aún falta mencionar que la falta de Gobierno ha hecho que decidamos tomar nuestra seguridad en nuestras manos, nos defendemos como podemos y no confiamos en las instituciones -léase Policía y Ejército- cuya principal misión es velar por el orden público.

Nosotros consideramos normal que roben celulares, la historia es tan común que ya nos parece que es parte del día a día. Bajo ninguna circunstancia que a una persona le quiten un objeto personal es normal. Es aún menos normal cuando incluyen objetos corto punzantes como medio de intimidación. Lo que es aún más ridículo es que la vida de una persona valga tan poco que alguien muera por un celular. Pero estas historias pasan cada día no solo en Ibagué sino en el resto del territorio nacional. Nuestro instinto de supervivencia debe mantenerse activado, vivimos estresados y preparados para defendernos. Tal vez por eso es que siempre respondemos y reaccionamos violentamente. Pero como culparnos si sentirnos seguros no está permitido.

El 21 de enero, día del paro, el país se paralizó. No por la cantidad de gente que salió a marchar si no por todo el resto que no salimos por miedo a exponernos a una situación insegura. Las razones para que el paro exista pueden ser válidas y creo que hay muchos más de nosotros que nos uniríamos a las marchas si no fuera porque en muchos casos el rastro de desastre y peleas entre los participantes deslegitimizan todo lo que están demandando. Lo que es peor, vándalos aprovechan que la fuerza pública está defendiendo nuestro patrimonio para atacar a sus conciudadanos. Los robos y actos vandálicos se multiplican, pero a nosotros como sociedad ya nos parece parte de la protesta.

Personalmente iba a viajar el martes desde Bogotá, pero la recomendación general era evitarlo “Mira no vayas a viajar, las salidas están complicadas mejor espérate”. Decidí viajar entonces el miércoles madrugada para llegar a tiempo a trabajar. Iba en mi carro con mi esposo por la Autopista Sur a la altura del Terminal del Sur, un sitio súper concurrido camino usual para muchos que debemos viajar entre Ibagué y Bogotá. Cuando dos personas se acercaron a cada lado y golpearon el vidrio. Pensamos al principio que eran vendedores ambulantes, les dijimos no gracias. Siguieron golpeando y de repente mi esposo me dijo me están apuntando con una pistola.  Estábamos totalmente rodeados de carros a escasos 60 metros del policía más cercano, todas las condiciones que en el recetario deberían ser indicadores que estamos seguros. Nos intentaron abrir el carro, momento en el que Tim reaccionó y no dejó hacerlo. Mientras nos hacían señas de que nos quedáramos callados. Mi reacción de histeria no fue normal, grite con todos mis pulmones y utilice la bocina, llamando la atención de las otras personas. No me voy a quejar todos miraban y pitaban, y creo que eso ayudó a que los ladrones se fueran.

Han sido tres días en los que he analizado mucho ese incidente, todo lo que pasó. Sé que soy afortunada, a muchas otras personas las han matado por la reacción que yo tuve o incluso por una menor. Me he informado de lo insegura que se ha convertido la autopista sur, las historias son tremendas. Incluso algunas en las que algunos funcionarios corruptos de la Policía han cooperado en el robo. En mi caso personal, llame al 123 y la funcionaria que me atendió ni siquiera me pregunto si estábamos bien, si necesitábamos alguna asesoría. Las palabras se limitaron a ser que iba a hacer un reporte y que la próxima vez diera la dirección exacta. ¡Perdón! ¿La próxima vez?

Estoy eternamente agradecida de que estemos vivos y por todas las muestras de cariño y empatía que nos han dado. Escribo esta columna porque me rehusó a normalizar esto que nos pasó, no es normal que a un ser humano lo amenacen y jueguen con su vida de esta manera.  En qué sociedad vivimos cuando la solución que nos dan es agradecer que no pasó nada grave. El solo hecho que haya personas robando en esta modalidad es grave. Sin mencionar las repercusiones económicas para Ibagué que este corredor vial se vuelva un lugar de robo. Lo que debemos pensar es que la próxima vez, puede estar pasando en este momento y tal vez esa persona no sea tan afortunada como yo lo fui.