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En la vida real, Ibagué es insegura

La ciudad desde hace muchos años viene mostrándose como una ciudad con serios problemas para garantizar la seguridad de sus habitantes, por el riesgo latente de daño a su integridad física y a la pérdida de sus bienes y objetos. Por: Laura Castro.
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Ecos del Combeima
20 Ago 2019 - 10:04 COT por Ecos del Combeima

Por el año 2014,  recordemos que el DANE ubicó a Ibagué dentro de las cinco ciudades más peligrosas del país. El secretario de gobierno de la época,  reviró afirmando que “esas cifras no eran ciertas” y que la Alcaldía contaba con las cifras reales, reconociendo que en lo único que si estaba mal la ciudad era en las  riñas callejeras.

Han transcurrido cinco años y las cosas no cambian. El Alcalde Jaramillo Martínez se reafirma en  que los ibaguereños  vivimos en una de las ciudades más seguras de Colombia, que es mera percepción el asunto de la inseguridad,  porque la realidad es otra. ¿Qué tal ah? Así es muy complicado, porque una cosa viven y experimentan  los gobernados  y otra piensa el gobernante, que de paso  y para completar, nunca manejo buenas relaciones con la Policía, ni con  otros buenos y necesarios  aliados estratégicos  para un buen gobierno.

Mientras tanto muchas cosas ocurren a diario a lo largo y ancho de la ciudad, y esa información en un alto porcentaje ya la está manejando la Policía Metropolitana, a través de los cuadrantes,  porque ahora se han conformado los frentes de seguridad con los presidentes de las Juntas de Acción Comunal y buena parte de los residentes de una determinada comuna. Estos chat se originan con la instalación de las alarmas comunitarias  que se activan por los residentes, ante hechos o  situaciones de riesgo, amenaza y peligro para el sector.

En esta semana los vecinos del Frente de Seguridad del sector donde resido han reportado: Robo de un vehículo justo al frente de Presto,  dos sujetos armados y peligrosos conduciendo una moto le roban el bolso a una señora mayor, los vecinos tomaron las placas, ojalá sean reales. Eso con diferencia de horas. Si revisamos históricamente el chat de Seguridad del Barrio, se podrán leer mensajes como: individuos tomando fotos e intentan robar a unas personas,  hombres en moto robando celulares, motos sospechosas, hombres que al parecer estar armados. Jóvenes en el Parque consumiendo sustancias alucinógenas, entre muchos otros mensajes.

Y muy seguramente si revisamos los chat de los demás Frentes de Seguridad, que se han conformado en la ciudad, podríamos comprobar que a todo momento se están presentando episodios de inseguridad,  que no son denunciados por las víctimas, haciéndole el quite a las diligencias en la Fiscalía y a los resultados finales de las mismas,  al ver que después de cuatro o cinco horas, los delincuentes son dejados en libertad y se vuelve al punto cero. Estamos a merced de la delincuencia.

Para nadie es un secreto las disfuncionales relaciones del Alcalde con la Policía Metropolitana, que a la postre tampoco le ayudaron a contrarrestar los indicadores de inseguridad reales que afronta la ciudad. A pesar de ser un gobernante con experiencia, el Alcalde Jaramillo Martínez, no le cumplió a Ibagué en asuntos de seguridad.

Ahora en tiempos de campaña la promesa de los candidatos es que con  ellos, Ibagué por fin en la vida real, será segura. ¿Difícil de creer o imposible de cumplir? Ahí está el dilema.

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El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

La explicación es sencilla. Los exportadores venden sus productos en dólares, pero pagan todos sus costos en pesos colombianos: salarios, combustible, transporte, energía, impuestos y buena parte de sus insumos. Por eso, cada vez que el dólar baja, reciben menos pesos por exactamente el mismo café, las mismas flores o el mismo aguacate que exportaron el día anterior.

El Mundial llega en el mejor momento posible para Ibagué. Cinco puentes festivos concentrados en junio y julio, vacaciones de mitad de año, visitantes llegando desde Bogotá y otras ciudades.

A la izquierda le haría bien recordar algo que alguna vez exigió cuando los atacaban: dejen gobernar. Fiscalicen, controlen, cuestionen, denuncien cuando haya razones. Para eso existe la democracia. ¡Pero hombre! Ni si quiera se han posesionado.

Embriaguez política que comenzó cuando la izquierda progresista creyó que la primera vuelta presidencial era la única; sobreestimación que hizo crisis al ser remontada por una derecha popular no tradicional, que interpretó un sentimiento ciudadano.

Es necesario recordar que hablar de seguridad no es hablar únicamente de delincuencia o de las acciones punitivas que reclaman los ciudadanos a diario, sino también de prevención, convivencia, inteligencia territorial, atención a poblaciones vulnerables, recuperación del espacio público y articulación interinstitucional.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.