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Democracia y desarrollo: un dúo dinámico

Lamentablemente hoy presenciamos una gran brecha entre los políticos y los ciudadanos, lo que ha conducido a una especie de divorcio entre desarrollo y democracia. Existe una grieta entre el discurso del ciudadano y el de la clase política, entre los deseos de los primeros y los deseos de los segundos.
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El Espectador
20 Ago 2019 - 9:43 COT por Ecos del Combeima

Se acercan las elecciones y con ella cobra mayor importancia la relación que existe entre democracia y desarrollo. Coincido con quienes afirman que una verdadera democracia crea el entorno propicio para que ciudadanos libres, informados y responsables elijan a sus gobernantes, para que exijan a quienes resultan elegidos cumplan sus promesas, y para que demanden del gobierno y las instituciones estatales que rindan cuentas, generando un verdadero control sobre las decisiones políticas que afectan la vida diaria.

Lamentablemente hoy presenciamos una gran brecha entre los políticos y los ciudadanos, lo que ha conducido a una especie de divorcio entre desarrollo y democracia. Existe una grieta entre el discurso del ciudadano y el de la clase política, entre los deseos de los primeros y los deseos de los segundos, una oposición entre los intereses de unos y otros, un distanciamiento lento que está generando una desafección o un desinterés palpable del ciudadano en los valores democráticos, y especialmente una apatía por acudir a las urnas y ejercer el derecho al voto.

En una sociedad que es cada vez más diversa, que parece estar más conectada en las redes sociales y el mundo virtual pero más polarizada en las relaciones sociales y en la realidad cotidiana, donde las nuevas demandas políticas son cada vez más complejas y exigen una respuesta de las instituciones y organizaciones acorde con esta complejidad, el uso acertado de las herramientas de la democracia puede ser una solución para traer desarrollo y superar las brechas anteriormente señaladas.

Por eso debemos buscar y trabajar para tener ciudadanos que, con independencia de su raza, su sexo, etnia, clase, género, cultura, valores, educación o trabajo, den uso y significado a esa categoría de “ciudadano”, que tengan un empoderamiento de los valores democráticos y colaboren en la construcción de un puente entre lo público y lo privado, en aras de hacer posible la participación de todos los actores que intervienen en la sociedad.

Hoy la ciudad y la región muestran grandes problemas relacionados con la pobreza, la desigualdad, el desempleo, la falta de desarrollo, el atraso, la desconfianza en las instituciones y una gran apatía o mejor un repudio hacia lo político. Pero no podemos negar que una de las formas más eficientes para transformar estas dificultades es la democracia, no sólo la representativa que se traduce en el voto, en la elección de líderes que conduzcan esos cambios, sino también en la democracia participativa que se traduce en dialogo concertado.

Ya lo dicen algunos expertos, el progreso duradero depende del respeto de los derechos humanos y de la participación efectiva de los ciudadanos en los asuntos públicos, nos corresponde como ciudadanos desde el ámbito privado ser sujeto activos y al mismo tiempo beneficiarios del desarrollo. El crecimiento económico, en una democracia, es un instrumento para la realización de las personas, de la justicia y el bienestar de las sociedades. La creación de un circulo virtuoso entre desarrollo y democracia es posible con la elección de líderes, en el sector público y privado, que tengan conciencia de la necesidad de democratizar los procesos (hacerlos participativos y sinérgicos), de escuchar las diferentes partes y tomar las medidas necesarias para lograr el progreso, adaptándose a las demandas y retos de la cotidianidad.

No olvidemos que la capacidad de las personas para ejercer sus derechos políticos y civiles puede verse minada por la pobreza, el atraso y la ausencia de oportunidades. La falta de desarrollo, en forma de estancamiento económico, desigualdades persistentes o ineptitud estatal, puede socavar la fe de las personas en los sistemas democráticos de gobierno. Además, la democracia está justificada por la libertad, el desarrollo humano y los intereses humanos compartidos, es decir, la democracia se explica en tanto una persona es libre de decidir por quién votar dentro de una gama de candidatos que buscan generar desarrollo, y lo hace de manera consiente e informada pensando en que se logren objetivos comunes que compartimos como sociedad o grupo.

Finalmente, los ciudadanos debemos tener presente la responsabilidad que tenemos consigo mismos y con otros por las decisiones que tomamos, nuestras elecciones determinan el curso del desarrollo de la ciudad y la región porque democracia y desarrollo vienen en combo. El desarrollo implica democracia, y la democracia conlleva desarrollo, son un dúo dinámico que funciona en países desarrollados, en ciudades que se destacan por altos estándares de calidad de vida, y debe ser la dupla que permita empezar la transformación que tanto requiere nuestra región.

Por: Alba Lucía García S.

Twitter e Instragam: @albaluc1a

Correo: albalu_garcia@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

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