El pasado miércoles primero de febrero el noticiero CM& nos sorprendió con los resultados de la encuesta elaborada en alianza con el Centro Nacional de Consultoría, sobre la imagen de favorabilidad de los gobernantes colombianos a tan solo treinta días de posesionados.
Si bien es cierto que un mes es un plazo relativamente corto para medir gestión, más aún cuando ni siquiera se han socializado los planes de desarrollo por estar en ajustes y en sintonía con la nueva normatividad de la Dirección Nacional de Planeación, este escenario de medición plantea algunos análisis que deberían considerar las administraciones gubernamentales.
En primer lugar que esa costumbre de esperar los tradicionales cien días para que la opinión pública conozca los avances del gobierno de turno, están llamados seriamente a reevaluarse. Las nuevas tecnologías de información, las redes sociales, la interacción más constante de la ciudadanía con los medios de comunicación, hacen que la veeduría de todos los procesos públicos esté dándose a diario desde el momento mismo de la elección de los mandatarios. Las ciudades y los ciudadanos cada vez son más exigentes con los órganos que eligen y como tal prefieren acciones concretas que sean medibles y cuantificables.
En segundo término, los resultados de las llamadas “comisiones de empalme” con los gobiernos salientes deben ser públicos. Cualquier buen ejercicio administrativo parte de tener las cuentas claras de lo que se recibe para que la comunidad conozca abiertamente que se hizo, que faltó por hacer y que se espera realizar. Es inaceptable que ya en ejercicio de gobierno no se tengan diagnósticos claros sobre las finanzas públicas y los informes de gestión y resultados de todos los organismos adscritos a la función gubernamental y más aún que el espejo retrovisor se convierta en el depósito receptor de todas las inconformidades ciudadanas.
Finalmente y como consecuencia directa del proceso electoral que recién acabaron de enfrentar los mandatarios, éstos se deben a sus electores. La subida del poder a la cabeza en muchos casos hace que se tomen decisiones erróneas y que el carisma y afabilidad que mostraron en campaña para ganar el favor popular, se conviertan en actitudes de soberbia y arrogancia que son castigadas por sus propios seguidores.
Los resultados de esta medición para el Tolima no fueron los más alentadores. El último lugar del gobernador Luis Carlos Delgado y la no aparición entre el top diez de mandatarios de las capitales del alcalde Luis H. Rodríguez especialmente presionado por el lugar de honor que tuvo su antecesor, indica que al menos en términos de favorabilidad ante la opinión pública, el arranque no fue ni de lejos el esperado.
Jorge Enrique Palacios P.
Director General Palacios & Asociados
Consultores en Marketing Político y de Gobierno
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