Están por cumplir un mes de actividades los nuevos mandatarios regionales y locales del país. Los del Tolima, por su puesto, no son la excepción. Un mes donde ya la repartición de cuotas burocráticas pasó, los compromisos de nombramientos con amigos y grupos de apoyo ya tiene que haber terminado y las contrataciones de ops deben estar en plena marcha para asegurar el normal desarrollo de los gobiernos.
El tiempo del retrovisor comienza a agotarse rápidamente, lo mismo que el de la escoba con afiladas plumillas para sacar a todos aquellos que me huela a uno u otro que no me apoyó, o que estuvo en el gobierno anterior. Como dice el refrán popular, una cosa es imaginar y soñar y otra muy distinta la realidad de despertar.
Despertar al presupuesto con que se cuenta, a los recortes que se tienen, a las nuevas directrices del Estado colombiano, a los giros que no llegan, a los métodos y procedimientos paquidérmicos y anquilosados del aparato gubernativo y sus gentes que viven en su propio mundo de espacio y tiempo, mientras que al mandatario y sus huestes se les acaba con cada día el tiempo para poder cumplir tanta promesa, promesa y promesa que hicieron para llegar al poder.
Darse cuenta de que una cosa es el discurso y otra la realidad, les cuesta, les da resaca, los saca de quicio con el pasar de los días la dura realidad; el día a día que no da espera, el acose de la gente para que pavimenten las vías, llegue el agua, haya un buen servicio médico, mejore la seguridad y no retorne la guerrilla, la delincuencia y los vándalos a ciertas zonas a secuestrar, robar y espantar inversión.
Ese duro despertar pasa por darse cuenta que 24 horas no son suficientes, que una semana se pasa rápido y un mes volando, y el ciudadano pida que pida que le cumplan con las promesas en los discursos que echaron en plaza pública y los medios de comunicación.
La gente empieza a pedir más pronto de lo que se quiere resultados, gestión, gerencia, liderazgo, soluciones a sus problemáticas, esa es una verdad de apuño que comienza a volverse el pan de cada día. Ya no hay denuncia que valga, disculpa que aguante, culpa ajena que resista porque la ineficiencia comienza a ser señalada. Tesón, templanza y sabiduría para ellos y sus equipos porque la tarea apenas comienza y con cada hora que pasa el tiempo se acorta más y más.
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